La agricultura y la ganadería han sido las principales actividades de la economía andorrana y, por lo tanto, del Madriu-Perafita-Claror. Aquí, el fondo del valle fue acondicionado para el cultivo de productos agrícolas, tanto para el consumo humano y como para el ganado.

Pero es la ganadería que ha dejado una huella más importante en el valle, en buena parte gracias al hecho de que el ganado fue y ha sido, hasta mediados del siglo pasado, una importante fuente de ingresos para la economía del país.

La conquista de los pastos dibujó de forma invisible una serie de divisiones en el terreno donde la explotación se ejerció de manera diferente en función de las estaciones del año. La clasificación de los pastos se estableció sobre la base de la calidad de la hierba y de la época del año en que se podrían utilizar. Se diferenciaron los “cortons” (los más apreciados), los “solans” (que podían ser aprovechados en primavera y en otoño, y que durante el verano estaban prohibidos al ganado con el fin de reservar la hierba para los rebaños que bajaran de los pastizales de altura) y los “rebaixants” (situados en la parte inferior del valle y reservados para principios de primavera y otoño, antes de que los rebaños subieran a los pastos de altura o cuando ya descendían de ellos). No son directamente perceptibles a simple vista, pero estas realidades son una parte esencial del patrimonio inmaterial del Valle.

Hoy en día el hombre sigue utilizando este territorio pero adaptándose a la realidad actual, combinando las nuevas demandas (principalmente relacionadas con las actividades de ocio) con las actividades tradicionales. La ganadería mantiene una presencia significativa en el Valle. Desde un punto de vista turístico, e incluso podríamos decir artístico y literario, la presencia de ganado en el paisaje le da una dimensión romántica y pastoral. Pero por encima de todo el ganado que pasta en las montañas mantiene prados y pastizales libres de arbustos y plantas colonizadoras, y ayuda a fertilizar el suelo con sus excrementos. También evita los incendios mediante la reducción de la biomasa y previene la proliferación de zonas boscosas. Por lo tanto, es un elemento esencial para la gestión forestal y el mantenimiento del paisaje.

Des del órgano gestor del valle dedicamos nuestros esfuerzos a asegurar que la presencia de ganado en nuestras montañas no disminuya. Su declive se traduciría en una pérdida irreparable de valores culturales, naturales, ecológicos y sociales. Con su diversidad y calidad, estos valores son parte de nuestra herencia, nuestra historia y de nuestra identidad.

Rebaño en Perafita