Junto a la agricultura y la ganadería, la fragua ha sido uno de los pilares de la economía andorrana en la época moderna. Entre los siglos XVIII y XIX se estima que hubo 16 fraguas en Andorra, 8 de las cuales funcionaron de manera simultánea. Una de ellas es la que se conoce como la fragua de Escaldes, se construyó en el valle del Madriu en el lugar que hoy se llama Solà de la Farga.

Restos de la farga de Escaldes

No se han conservado los libros de contabilidad de la fragua, y por eso es complicado saber más cosas de la explotación que se hizo.

Según los contratos de alquiler que se conservan en el comú de Andorra la Vella, la fragua se construyó en 1732. Los contratos especificaban, entre otros aspectos, los bosques de los que se tenía que obtener el carbón, la cesión de los derechos de extracción de las minas, la conservación de las instalaciones y del material de la fragua y la cesión del cortó del Estall Serrer para que paciesen los animales de los arrieros.

El dominio de la fragua se extendía, a grosso modo, desde el sector de Engolasters y del obac de Escaldes hasta las cabeceras de los valles del Madriu, Perafita y Claror. Para implantar la fábrica no se escogió un paraje cerca de un río con mucho caudal, sino que se privilegió la proximidad a los recursos naturales que gastaba.

Inicialmente se creyó que el mineral se extraería de la Maiana, pero esta opción fue un fracaso y los concesionarios tuvieron que negociar con el usufructuario de la mina de Pimorent (Francia) un derecho anual para importar mineral,  a cambio del pago de 84 libras barcelonesas.

El conjunto de la normativa comunal muestra de manera evidente que el carboneo no se autorizaba de cualquier manera. Al tratarse de una actividad de tala importante que afectaba momentáneamente el bosque, las normativas comunales velaban para evitar la erradicación de los bosques y potenciar su regeneración. Además, los inquilinos de la fragua solo podían talar árboles para hacer funcionar la fragua, la reventa del carbón estaba prohibida.

El difícil emplazamiento de la Fragua de Escaldes hizo que no fuese una de las más importantes, pero, por la misma razón, sí que fue una de las más singulares. Su situación, alejada de núcleos de población y en un paraje relativamente elevado, restringía la época de explotación prácticamente a los meses de verano. La reducción del tiempo de trabajo se tenía que compensar con el ahorro, que se había supuesto representaría estar más cerca de yacimiento minero, pero ya hemos dicho que eso, finalmente, no fue así y el mineral tuvo que ser importado de Francia.

El sistema de producción de la fragua de Escaldes era, como el resto de industrias de este tipo en Andorra, el que se conocía como fragua catalana. La fragua estaba integrada básicamente por un horno, en el cual se efectuaba la reducción de los óxidos de hierro con carbón vegetal para obtener el hierro, y por uno o dos martinetes que forjaban los lingotes. Los óxidos de hierro y el carbón eran introducidos en capas superpuestas, y a continuación se alimentaba la combustión mediante la inyección del aire a presión que proporcionaba la tobera, una tubería por donde se hacía bajar agua. El caudal de agua en su caída arrastraba el aire que alimentaba el horno para fundir el mineral. Se obtenía así una masa pastosa de hierro y escorias que se trabajaba en el martinete, movido también por la fuerza hidráulica. Los golpes del martinete desprendían las escorias y se batía el hierro hasta obtener los lingotes de las dimensiones y el peso adecuados para ser exportados.

El metal que se obtenía a las fraguas del Principado había adquirido la fama de ser de muy buena calidad, pero tenía el inconveniente que el precio era relativamente elevado. Una parte de la producción se consumía en el país, pero la mayor parte se exportaba a Cataluña.

Carboneras en el VMPC

Las fraguas, como ya se ha apuntado, necesitaban grandes cantidades de carbón para su funcionamiento. El carbón lo proveían los grupos de carboneros, que trabajaban directamente para la fragua, mediante la combustión lenta de leña de pino en las carboneras que se habilitaban en los mismos bosques del valle. Las carboneras que se han encontrado en el valle (a día de hoy, más de 600, aunque no todas carbonizaban para la fragua, también se producía carbón para combustible de calefacción) tienen formas diversas. Las hay circulares, elípticas y cuadrangulares. Las que estaban en un terreno inclinado solían tener un muro de contención levantado en piedra, en algunos casos rectilíneo i en otros en forma de media luna. En cambio las que se han localizado en terreno llano normalmente no tiene ninguna estructura asociada; como mucho un círculo de de piedras para delimitar el espacio de combustión. A menudo las carboneras se encuentran agrupadas en conjuntos de dos o tres y cerca hay restos de cabañas provisionales para los carboneros. Estas cabañas eran pequeñas construcciones de madera y ramas encima de una base de piedra. A pesar de tratarse de edificaciones efímeras, ya que los carboneros se desplazaban continuamente por los bosques del valle, forman un conjunto de vestigios singulares del uso que el hombre ha hecho del valle.

La desaparición de la fragua del Madriu o de Escaldes (entre 1832/36) coincidió con el inicio del descenso de la industria siderúrgica al Principado. Posiblemente por ese motivo, nadie tuvo interés en volver a levantarla para continuar la explotación.