Su gran extensión (4.247 ha), su peculiar orientación este-oeste (que tiene como consecuencia laderas solanas y umbrías) y su importante gradiente altitudinal, (1.850 m de desnivel entre el punto más alto (pico de la Portelleta 2.906m) y el más bajo (confluencia del Madriu y el Valira de Oriente 1.056 m)), confieren al valle una importante variabilidad climática, con grandes contrastes y una importante diversidad biológica en un territorio relativamente reducido, geográficamente hablando, como es el valle del Madriu-Perafita-Claror. La diversidad de suelos es también muy importante, lo que favorece una gran variedad de hábitats, una gran riqueza de flora y de fauna y por consiguiente, un paisaje de grandes contrastes.

Se han identificado un total de treinta y ocho hábitats naturales o semi-naturales en el valle, cada uno de ellos con su flora y fauna características.

La vegetación se distribuye entre los 3 pisos característicos de los Pirineos:

De manera esquemática, podemos considerar que cada piso corresponde a una gran unidad paisajística:

EL PAISAJE SUPRA FORESTAL- piso alpino

Dominio del desierto mineral, prados de alta montaña, lagos y las formas espectaculares de la geomorfología. En el piso alpino, el entorno rocoso se extiende sobre una superficie de unas 650 hectáreas. Debido al rigor del clima, la cubierta vegetal es escasa, pero aún así se encuentran variedades adaptadas a las duras condiciones ambientales. Los prados de alta montaña están colonizados por especies vegetales perennes, de fuertes raíces, ciclo vegetativo corto y muy resistentes a los cambios bruscos de las condiciones meteorológicas: prados de Nardus stricta, Festuca airodis o F. ivesii, o prados de Festuca eskia, por nombrar tres de los pastizales más abundantes. Azaleas y otros matorrales de ericáceas colonizan las tiras intercaladas entre las rocas donde los suelos están más desarrollados.

Azalea

Prado de Nardus Stricta

EL PAISAJE DE LADERAS- piso subalpino

Dominio de un bosque compacto, con un fuerte contraste entre la umbría y la solana, y con corredores de aludes en las laderas más empinadas, que acogen una actividad humana casi imperceptible.

El tipo de árbol dominante en el bosque de Andorra son las coníferas (pinos y abetos), que ocupan una tercera parte del territorio y en el piso subalpino proliferan de manera natural. En este piso la especie que mejor se adapta al rigor del clima es el pino negro. Se trata de un árbol capaz de soportar temperaturas muy bajas y espesores de nieve considerables. Además, cumple una función muy importante en la fijación de las laderas montañosas contra la erosión de los elementos.

En la zona de Ràmio también se encuentran algunos de los pocos bosques de abetos que quedan en el Principado. Las ramas horizontales de los abetos dificultan el paso de los rayos solares y hacen que esos bosques sean poco adecuados para el crecimiento de arbustos en el sotobosque. En cambio, se desarrollan plantas herbáceas y alfombras de musgo que aprovechan esa elevada humedad.

Aparte de los bosques, el piso subalpino acoge un tipo de ecosistema vegetal que, a pesar de no ocupar una extensión muy grande, tiene un gran interés botánico y ecológico. Se trata de los herbazales megafórbicos, formaciones herbáceas altas que se instalan en rincones con suelos ricos en nutrientes y muy húmedos. A menudo son tóxicas y tienen hojas y flores grandes y bastante vistosas.

Los matorrales de rododendro son abundantes y ayudan a fijar el suelo de las tarteras y las zonas pedregosas de alta montaña, además de preparar el suelo para el crecimiento posterior de otras especies.

Pino negro

Pino silvestre

Abeto

EL PAISAJE DE FONDO DE VALLE – piso montano

Trazado por el surco de las aguas, es donde encontramos la mayor parte de los testimonios del diálogo continuado entre el hombre y la naturaleza.

Los robledales constituyen todavía los bosques caducifolios más extensos del Principado. Sin embargo, la presencia de robles en el valle es relativamente escasa. Entre los 1.000 y los 1.600 m abundan las arboledas de pino silvestre, los pequeños bosques de abedules , de fresnos o de álamos.

El bosque de ribera constituye otro tipo de formación vegetal que, a pesar de ocupar una superficie relativamente escasa, es bastante importante para el equilibrio del ecosistema forestal. Los bosques de ribera son concentraciones lineales que siguen el curso de los ríos y de los torrentes. Se distinguen dos grandes tipos de bosques de ribera: la aliseda, donde predomina el aliso; y la sauceda, donde abundan el sauce blanco, el sauce cabruno, el sauce cenizo y la sarga.

Los matorrales predominantes son los bojes. Cumplen una función importante en la fijación de los suelos pobres y de poca profundidad, ya sea en lugares húmedos donde ha desaparecido el bosque, o en lugares pedregosos y empinadas, poco favorables a la colonización de otras especies vegetales.

El último tipo de vegetación que se encuentra en el piso montano son los prados, originados por la actividad humana, especialmente la ganadería. Se trata de terrenos ganados al bosque y destinados a pastos o prados de siega. La abundancia del agua y la riqueza del suelo favorecen el crecimiento de un gran abanico de especies. Las hierbas más habituales son el fromental , el dáctilo, y varios tréboles. También crecen algunas flores vistosas, como el narciso de los poetas o el narciso de montaña.

Abedul

Fresno

Avellano

Fresa salvaje

Arándano