C/ Prat de la Creu 74-76, baixos. Andorra la Vella

LA GEOMORFOLOGÍA

El valle del Madriu-Perafita-Claror es un valle de origen glaciar, que presenta intereses geomorfológicos en prácticamente toda su extensión.

El relieve de esta zona, bastante accidentado, se asienta sobre un sustrato de roca silícica (granítica en Gargantillar-L’Illa y metamórfica en el Port Negre), sobre el que ha actuado el modelado de los glaciares. El valle en forma de U, los circos glaciares, los glaciares rocosos, el valle colgado del Estany Blau, los altiplanos del Camp de Claror o la dinámica de los aludes, son claros ejemplos del origen glaciar del valle. También se encuentran gran cantidad de picos, donde destaca el pico de la Portelleta, a 2.905m, el más alto dentro del territorio protegido.

En Camp de Claror, el interés reside en que posee modelos próximos a las latitudes subpolares y a las regiones de tundra (Spitzberg). Son figuras geométricas (polígonos y círculos de piedras), testigos excepcionales y raros en el conjunto de los Pirineos Orientales y de gran valor científico.

Ensagents (fuente: Dona Secret)

Los glaciares rocosos del valle de Madriu

Cuando hablamos del valle de Madriu-Perafita-Claror, hablamos de un patrimonio natural y cultural único, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Sus lagos, bosques y caminos históricos son bien conocidos, pero esconden un tesoro geológico que pasa a menudo desapercibido: los glaciares rocosos.

Estas formaciones, que podríamos confundir fácilmente con simples piedras, son en realidad vestigios fascinantes de un pasado glacial. En los valles de Ensagents, Perafita y en el mismo Madriu, especialmente en las laderas norte, podemos encontrar algunos de los mejores ejemplos de los Pirineos. Son, podríamos decir, «glaciares de manual» para el estudio científico.

¿Qué es un glaciar rocoso?

Una glaciar rocoso es una lengua de hielo y bloques que se formó hace unos 11.000 años en esta zona, durante un periodo climático frío y seco. La nieve, escasa pero persistente, se compactaba en hielo a los pies de las paredes, y al mismo tiempo se mezclaba con la caída constante de bloques. El resultado: un flujo denso de rocas muy abundante y hielo que actuaba como cemento, que descendía lentamente ladera abajo.

Lo que hoy vemos es solo su «piel fosilizada»: masas lobulares de bloques que aún conservan la forma de lengua y que contrastan con las piedras convencionales.

El valle de Madriu, un laboratorio natural

El Madriu es un auténtico museo al aire libre para quien quiera descubrir estas formaciones:

  • En el valle de Ensagents encontramos glaciares rocosos perfectamente definidos a los pies de los acantilados sombríos del valle.
  • En Perafita, la presencia de material metamórfico ha permitido una conservación espectacular de estas lenguas, que nos recuerdan a una colada de lava que ha bajado por la ladera de la montaña, ¡aunque no tengan nada de volcánico!
  • En las laderas del valle de Madriu, las condiciones climáticas más frías de la zona y el material granítico han dejado huellas de gran valor científico: es aquí donde se pueden estudiar “glaciares de manual”, ideales para entender la diferencia entre una pedregal y un glaciar rocoso.

Este conjunto hace que el valle sea un punto de referencia para la investigación geológica y climática en los Pirineos, además de un reclamo para el visitante curioso.

¿Cómo diferenciarlas de un pedregal?

Si dudamos, hay dos indicadores clave:

  1. La forma lobular, como una lengua que avanza lentamente debido a la gravedad.
  2. El origen de los bloques: muchas veces han viajado decenas o cientos de metros desde las paredes rocosas de donde cayeron, lo cual es imposible en un pedregal simple donde los bloques bajan rodando hasta detener su caída.

Además, las glaciares rocosos graníticos, como los de Madriu, son los que mejor han resistido el paso del tiempo y podemos observar casi intacta su estructura original.

¿Están activas aún?

A pesar de su espectacularidad, los glaciares rocosos del valle de Madriu son reliquias: no conservan hielo en su interior. Los únicos glaciares rocosos activos de los Pirineos se encuentran en Besiberris, Posets y Cotiella. Pero esto no les resta interés; al contrario, nos permite leer la historia climática de los Pirineos y entender cómo era la vida en periodos mucho más fríos.

Una visita con valor añadido

Recorrer los senderos del Madriu no es solo adentrarse en un paisaje cultural y natural excepcional: también es viajar al pasado glacial de los Pirineos. Quien sepa observar encontrará, más allá de lagos y bosques, unas huellas que explican cómo la montaña reaccionó a la última gran ola de frío.

Los glaciares rocosos del valle de Madriu, de Ensagents y de Perafita son un tesoro geológico y turístico que combina ciencia y belleza. Una razón más para descubrir, con ojos nuevos, este rincón privilegiado de los Pirineos andorranos