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Borda Gabriel, c/ de l’Obac. Escaldes-Engordany

CONSTRUCCION EN PIEDRA SECA

La construcción en piedra seca es una de las expresiones más destacadas del patrimonio cultural del valle del Madriu-Perafita-Claror. Consiste en apilar piedras sin ningún material de unión —a veces con la ayuda de fango—, de modo que la estabilidad de la estructura depende únicamente de la selección y la cuidadosa colocación de cada piedra.

Esta técnica ha permitido acondicionar las laderas de montaña para la agricultura y la ganadería con el mínimo de recursos y la máxima eficiencia, respetando al mismo tiempo el medio ambiente y utilizando el material que se encuentra cerca del lugar de implantación. Los muros, los empedrados y las cabañas de piedra seca contribuyen a aumentar la biodiversidad —al constituir un hábitat para determinadas especies de flora y fauna—, a minimizar la degradación y la erosión de los suelos y a mejorar el aprovechamiento del agua de lluvia. Por ello, se considera un paradigma de sostenibilidad: una arquitectura nacida de la simbiosis entre el ser humano y la naturaleza.

Más allá de su valor material, la piedra seca representa un importante patrimonio inmaterial: los conocimientos, las habilidades y las formas de uso e interpretación que se han transmitido de generación en generación entre las comunidades pastoriles y campesinas del valle.

Los orris y las pletas

Los orris son estructuras de piedra seca que se utilizaban para ordeñar las ovejas del rebaño y obtener la leche con la que elaborar quesos. En el valle del Madriu-Perafita-Claror, entre otros,  encontramos los de Setut, de la Rivera dels Orris, de Mateu, del Planell Gran, de Perafita y del Turó de l’Estany de la Nou, todos ellos actualmente en ruinas.

El uso de estas construcciones se concentraba al comienzo del verano, cuando los rebaños ascendían a los pastos de los valles de montaña. Los pastores separaban las ovejas que estaban criando de las más jóvenes e introducían en el orri únicamente a las primeras. Estas accedían por el extremo ancho y abierto de la construcción, al que se añadía una especie de embudo formado por cercas de madera. Las ovejas avanzaban por el pasillo formado por los dos muros del orri, cuyo trazado sinuoso tenía como finalidad amortiguar la fuerza del empuje hacia delante ejercido por el grupo de animales. El pastor se situaba en el cercado situado en el extremo final del orri e iba cogiendo las ovejas de una en una o en pequeños grupos para ordeñarlas. Esta operación se repetía dos veces al día.

La leche obtenida se utilizaba para elaborar quesos, tarea que realizaba el propio pastor en una cabaña anexa al orri. Esa misma cabaña servía también de vivienda a los pastores, si no disponían de otra independiente en las proximidades. Junto al orri, o a pocos metros de él, suele encontrarse también una pleta. El orri, la pleta y la cabaña pueden considerarse, por tanto, un único conjunto.

El historiador Olivier Codina explica la historia de Andorra a través de los orris en esta entrevista; del minuto 13:37 al 18:12 se habla específicamente de los orris del valle del Madriu-Perafita-Claror [mantener enlace: https://www.rtva.ad/programes/la-rotonda-1part-historia-andorra-orris].

                                                      Esquema de funcionamiento de un orri

Las cabañas de pastor de alta montaña del siglo xx

Además de las cabañas anexas a los orris, el valle conserva otras cabañas de pastor independientes, como son por ejemplo, las cuatro en ruinas del Estall Serrer o las de Fontverd, del Serrat de la Barracota, de Setut, de la Farga, de Claror, de Perafita y dels Estanys. Junto con pletas como la del Estall Serrer o el cercado de Graus, formaban el conjunto de infraestructuras pastoriles dispersas por todo el valle.

                                                           Cabaña de Setut

Los bancales y los muros de cultivo de media montaña y los cortales

Además de las construcciones destinadas a albergar personas y ganado, que a menudo aparecen concentradas en lo que se llama cortal, la piedra seca también sirvió para ganar terreno cultivable en las laderas: los bancales —terrazas sostenidas por muros de piedra— permitieron cultivar allí donde la pendiente lo habría hecho imposible. Hoy en día, los mosaicos que dibujan estos muros siguen siendo uno de los rasgos más característicos del paisaje del valle.

                                                            Bancales en Ràmio

El camino empedrado transversal

El camino empedrado —o Camino de la Montaña— es, probablemente, la obra más emblemática: un itinerario de piedra que, partiendo del valle central,  atraviesa el valle desde hace seis siglos y que ha constituido su nexo de unión económico y social. Lo utilizaron campesinos, pastores, trabajadores de las fraguas y paquetaires; más adelante, refugiados, viajeros y contrabandistas; y hoy en día, excursionistas de todo el mundo, ya que constituye un tramo del GR-7, integrado en el gran recorrido europeo E4, que une Grecia con Gibraltar. Por todo ello, es uno de los símbolos más destacados de la historia del valle y de Andorra.

                                                           El camino empedrado

Un patrimonio frágil, un patrimonio universal

La construcción en piedra seca no es exclusiva del valle del Madriu-Perafita-Claror: se trata de una técnica compartida por muchas zonas rurales de montaña del Mediterráneo y de otros lugares. En 2018, la UNESCO inscribió el arte de la piedra seca en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, a partir de una candidatura conjunta de ocho países europeos: Chipre, Croacia, Francia, Grecia, Italia, Eslovenia, España y Suiza.

Este reconocimiento internacional pone en valor un patrimonio que, pese a su riqueza, también es frágil: muchas estructuras se encuentran en ruinas o amenazadas por el abandono del medio rural. Desde el valle del Madriu-Perafita-Claror queremos contribuir a mejorar su conocimiento, difusión y conservación integrada, como testimonio vivo de la relación entre el ser humano y la montaña.